He estado
callado mucho tiempo, hermanas y hermanos. Algunos preguntarán, burlonamente, ¿tu,
que hablas tanto, y te jactas de tantas cosas, que pasó que cerraste esa
bocota? A otros no les habrá importado. Quizás algunos me hayan extrañado. A
todos tengo algo que decirles, por que estuve en silencio, por que no leyeron
mis palabras, o, me dediqué a escribir otras cosas. Mi silencio se debe a un
sentimiento, una sensación, algo que me brota desde lo más profundo: ASCO. Un
asco enorme y monstruoso por la humanidad. Asco ante la ignorancia, la
hipocresía, la violencia, la corrupción, las mentiras, los gobiernos nefastos y
los necios que los aplauden. Hoy en día la humanidad no tiene nada por que
sentirse orgullosa, toda su cultura es una momia que pertenece a un museo, hoy
nada bueno sale de ella, nada bello, nada superior, nada divino. Hoy todo es
ruido y máscara, estafas y fanatismos, la superficialidad manda, los idiotas
compran.
Y así, por
sentir ese asco, fui presa de un nihilismo deprimente. Pero a la larga,
resurgí, por que, a pesar de que considere que la humanidad no tiene ningún
sentido, yo debo seguir buscando mi sentido, y, al menos, una vez por día,
reír, reír a carcajadas, y no dejar que mi espíritu se pudra con el veneno de
las alimañas que hacen que el mundo sea un lugar hostil para vivir.




