
A ti, mi querido maestro, al cual los siglos nos separan, y sin embargo, llegué a conocer por el destino manejado por los dioses, te recuerdo, justamente, en el momento en que más logro separarme de tus pensamientos, por que los míos ya tienen su propio vuelo. Gracias a tus palabras pude liberarme y empezar ese largo y arduo camino que hasta aquí me trajo, a este presente, donde soy yo más que nunca. Durante todo ese trayecto no podía separarme de tu obra, de tus sensaciones y razonamientos, y llegué a sentir incluso que nuestros destinos se parecían. Llegué a adentrarme tanto en ti que creí perderme, pero no fue así, logré realmente entender lo que decías y querías. Por eso ahora me libero de tu influjo, ya no necesito que seas mi maestro, llegó el tiempo de dejar de ser el alumno y salir a recorrer el mundo. Ahora tengo mis propias palabras, y creo los valores que yo pienso y siento son los adecuados para mí. Dejé de ser simplemente un hombre y puedo soñar como los dioses, y se siente tan maravilloso volar en estas alturas, a las que pocos pueden llegar. Sí, el hombre ha hecho del mundo moderno un infierno, se ha vaciado de espíritu y no tiene destino más que venir y pasar el tiempo sin ser el mismo, por eso a veces se siente solitario el ser de esta manera, pero ya no hay marcha atrás, no me arrepiento de llegar a donde he llegado, yo me conozco a mí mismo, y me acepto como soy, me quiero como soy. Oh, maestro, te agradezco tanto el haberme guiado, pero ahora soy yo quien toma las riendas de mi camino. Nunca olvidaré que fuiste tú quien iluminó mi camino, y fuiste tú mismo el que me decía que todo alumno debe superar a su maestro y dejar de ser su eterno protegido. Ahora sigo mi destino, seguro de mi mismo, y puedo ver al querido sol brillar más que nunca…